Excmo. Ayuntamiento de Campos del Paraíso

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Municipio

El municipio de Campos del Paraíso, sus paisajes, su patrimonio y su historia,  invitan al visitante a conocer unas tierras de la provincia de Cuenca que, aunque tal vez un poco olvidadas, merecen la pena visitar.

La A-3 desde Madrid nos acerca a este municipio tomando el desvío a Cuenca desde Tarancón y continuando por la A-40. En apenas un poco más de una hora podemos disfrutar de todo lo que nos ofrecen sus pueblos y sus gentes. Unas buenas vías de comunicación para llegar, una muy recomendable oferta de restauración y de casas rurales donde hospedarse y el ambiente de estos pueblos hacen posible disfrutar de una estupenda estancia entre nosotros.

El término municipal de Campos del Paraíso se compone de cinco pueblos: Carrascosa del Campo, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Abajo y Valparaíso de Arriba. Geográficamente situado al Norte de la Mancha Alta y al Sur de la Alcarria conquense, supone la puerta de entrada entre ambas comarcas.

Se trata de un entorno físico que contiene restos patrimoniales que datan desde tiempos de los primeros grupos humanos que poblaron estas tierras hace más de un millón de años. También destacan yacimientos del Calcolítico, de la Edad de Bronce y del Hierro, yacimientos romanos, vestigios de la frontera medieval disputada entre musulmanes y cristianos e importante arquitectura religiosa y civil de las Edades Moderna y Contemporánea. A este rico patrimonio ha de sumársele un característico paisaje agropecuario enclavado entre pinares, encinares y manantiales, con múltiples chozos de labor, cañadas y corrales aún supervivientes en los campos, poblados por rapaces, aves pintorescas como la abubilla o la avutarda, corzos, jabalíes o zorros, característicos de la fauna del entorno.

Campos del Paraíso tiene al norte la ciudad de Huete, magnífico conjunto de arquitectura civil y religiosa, y las tierras de la Alcarria conquense, una penillanura con una altitud medía de unos 1.000 metros en la cuenca del río Cigüela, afluente del Tajo. Por el este, en apenas media hora y comunicados por autovía llegamos a la ciudad de Cuenca, Patrimonio de la Humanidad. Al oeste se encuentra Uclés cuyo magnífico monasterio conocido como el Escorial de la Mancha tiene su historia ligada a la orden militar de Santiago. Las tierras al sur del municipio nos comunican con los paisajes de la Mancha conquense y nos invitan a visitar la ciudad romana de Segóbriga.

En el mapa de la provincia de Cuenca, el municipio de Campos del Paraíso ocupa tierras localizadas en un triángulo prácticamente equilátero cuyo vértice norte es la ciudad romana de Erkavica-Cañaveruelas, el sureste la de Valeria- Las Valeras actuales- y el suroeste la de Segóbriga en Saelices y sus lados los itinerarios de las calzadas romanas que las comunicaban, luego caminos de trashumancia. Los pueblos del municipio fueron hasta el siglo XIX lugar de paso de las vías de trashumancia del ganado lanar de la Cañada Conquense incluida en la Gran Cañada Manchega. Sus tierras están delimitadas por el itinerario de la cañada de Molina de Aragón que las bordeaba por el oeste, por el itinerario de la cañada de Los Chorros que lo hacía por el este y cruzadas de norte a sur por el itinerario de la de Beteta.

Historia

     (Artículo de Paloma Torrijos, doctora en Historia, y José Luis Córdoba, licenciado en Geografía e Historia)

    Forman el municipio de Campos del Paraíso desde 1971 las villas de Carrascosa del Campo, donde se encuentra el ayuntamiento de la agrupación municipal, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Abajo y Valparaíso de Arriba.

Carrascosa del Campo.

    En su término se encuentran importantes yacimientos del Paleolítico Inferior así como vestigios celtibéricos y romanos vinculados a la ruta del lapis specularis (Cerro de la Muela o del Pulpón). Pero es a partir del siglo XI cuando nace la población en sí con el nombre de Venta de la Carrasca, como otro poblado más del sexmo de Huete, formado por los actuales barrios de La Solana, El Castillo y Carralcázar. Pero es en la Edad Media cuando realmente aumenta en población y territorio, tanto que Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica, le otorgó privilegios a la villa. El infante castellano Don Juan Manuel escribió en su Libro de Caça (Libro de Caza), en el año 1325, sobre cómo cazar con cetrería de halcones por las tierras de Carrascosa, en el cual se nombra ya al río Valdejudíos, «que nace en tierras de Carrascoyo». 

    En 1537 Carlos V  le otorga el Título de«Muy Noble y Muy Leal Villa de Carrascosa del Campo», independizándose jurídicamente de la ciudad de Huete.  Destaca de esta época la iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora que data de los siglos XV y XVI, templo de estilo isabelino con una magnífica portada y soberbias bóvedas estrelladas en su interior. Tiene la consideración de monumento histórico artístico (hoy BIC) desde 1972. El principal financiador de la obra fue don Miguel de Carrascosa, el personaje más ilustre de la Villa, canónigo del Obispado de Cuenca y hombre influyente en la corte vaticana.

    En el siglo XVIII, Carrascosa del Campo tuvo un importante peso en la zona, y varios nobles afiliados al rey, construyeron aquí sus moradas. En 1779, Carlos III otorgó a Carrascosa junto con otros municipios el derecho a tener un mercadillo ambulante que se hiciera una día a la semana, en el caso de Carrascosa el lunes. Este mercadillo sigue existiendo actualmente.

 Loranca del Campo.

    Tiene su origen en una alquería musulmana, existiendo en sus tierras una torre vigía. Loranca del Campo consigue su privilegio de Villa no como las demás del municipio en el siglo XVI, sino ya en el siglo XVII, pero no tenemos  la fecha en que deja de ser aldea del alfoz de Huete. Las primeras noticias de esta población y de la ermita de la Virgen del Socorro se remontan a inicios del siglo XVI.

    Ya Villa de Realengo pierde su derecho a la jurisdicción del Rey en 1639 cuando es vendida a don Pedro Piñán del Castillo, aunque anulada su compra por no poder satisfacer el comprador a la Real Hacienda la cantidad en que le fue vendida. Unos años después el II marqués de Mortara y I marqués de Olías y I marqués de Zarreal, Don Francisco de Orozco y Porcia, es señor de Loranca. El señorío de la Casa de Mortara dura poco pues la propia villa compra los derechos que sobre ella tenía el Marqués, pasando de nuevo a ser señorío de Realengo, tal como los vecinos de la Villa declaran en la Encuesta Catastral un siglo después. Del siglo XVII destaca la iglesia de San Pedro Advíncula.

  Olmedilla del Campo.

    El documento de villazgo de Olmedilla está fechado el 30 de septiembre del año 1557Felipe IV necesita mejorar los ingresos de la Hacienda Real y para ello La Corona entre los años 1646 y 1656 vende sus propiedades de Realengo a particulares. Así ocurre con Olmedilla vendida al señorío de Don Jorge de Paz Silveyra. Algunos años después, en la primera mitad del siglo XVIII, Olmedilla fue junto con Horcajada de la Torre señorío de don José Enríquez de Guzmán.

    Poco duraron estos señoríos sobre Olmedilla pues en las Respuestas de la Villa al Catastro de Ensenada los vecinos que contestan al Interrogatorio declaran que es villa de Realengo. En estas mismas respuestas los vecinos declaran que la villa de Olmedilla contaba en su término con tres despoblados dos de ellos antes incluidos en el de Carrascosa y por ello  compartía jurisdicción con esta villa sobre los de Villaverde y Villalba y la tenía exclusiva sobre Centenaya. Con estos despoblados de la villa de Olmedilla hay que citar las ruinas del Castillo de Amasatrigo, cuyo nombre conocemos por las crónicas medievales ligado a los de Uclés, Huete y Cuenca constituyendo un conjunto de fortalezas y atalayas para el control de las tierras recientemente reconquistadas y en donde las tareas repobladoras eran cada vez más importantes. Con restos de ruinas romanas y árabes podemos situar aquí un asentamiento primitivo origen de la actual villa de Olmedilla. A los pies del cerro de Nuestra Señora de Amasatrigo, pasaba la bifurcación hacia Secantia, Guadalajara, de la calzada que desde Cartago Nova se dirigía a Segontia, Sigüenza, por tierras de la cuenca del río Gigüela.  Fueron luego las tierras de Amasatrigo paso de la cañadas mesteñas para la trashumancia. La aldea de Amasatrigo era ya despoblado en 1236. Hasta el siglo XVIII esta documentada la existencia de un convento y una ermita con el nombre de Nuestra Señora del Castillo de Amasatrigo o de la China por la pequeña piedra que la imagen tenía en la mano, propiedad del monasterio de Santo Domingo de Guzmán de Huete. En los pueblos del municipio se siguen contando leyendas de “moros y cristianos” que tienen como marco este paraje y otros “cerros” del municipio, así como en la cueva del Bache que también se puede visitar en Olmedilla.

    Son destacables la iglesia de Santa Lucía, que data del siglo XVIII, con una portada del importante escultor Andrés de Vandelvira, y la ermita de San Roque.

 Valparaíso de Abajo.

    La mina de La Quebrada o Cueva del Espejuelo de Valparaíso de Abajo es una más de las que en la estas tierras fueron ricas en el espejuelo del que dependió en gran medida la riqueza económica de esta zona durante la dominación romana.   

   Valparaíso de Abajo fue villa de señorío desde 1627. Vendida como Olmedilla del Campo para hacer frente a los gastos de la Corona. Señorío que se mantiene hasta mediados del siglo XIX cuando se promulgan las leyes que derogan los señoríos según establece la Constitución de 1812. Junto a la iglesia está la casa que fue del señor de Valparaíso de apellido Zúñiga y luego Mendoza y junto a la pared de la iglesia un escudo de armas de los Zúñigas, señores de la Villa.  

    En el término de Valparaíso de Abajo estaba el despoblado conocido como Villapando, a orillas del río Paraíso y cerca de la cueva de Las Lastras, y cuya jurisdicción compartían Carrascosa y Olmedilla.  El río Valparaíso pasaba por aquí con un ancho cauce que recoge poco más al sur las aguas del arroyo de la Vega que atraviesa los términos de Loranca y Olmedilla. 

    Tuvo Valparaíso una ermita llamada del Santo Cristo del Burgo convertida en almazara que perteneció a los Coello, señores de Montalbo. La iglesia parroquial de Valparaíso de Abajo, del siglo XVIII, está bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción. Su retablo mayor de estilo del barroco churrigeresco del siglo XVIII es uno de los más importantes de la provincia de Cuenca

 Valparaíso de Arriba.

“...el arroyo de Villar-Parid nace sobre Valde Paraiso. Libro de la Caza del infante don Juan Manuel.

En las tierras altas de Valparaíso de Arriba nace el río que da nombre al municipio, el río Paraíso. De Valparaíso de Arriba discurre unos tres kilómetros hacía Valparaíso de Abajo. Discurrían por sus tierras las cañadas para la trashumancia llamadas de Los Chorros o Los Serranos y la de Beteta. 

Como las otras localidades del municipio, antes de ser Villa fue aldea del Sexmo del Campo bajo la jurisdicción de Huete.

En la iglesia dedicada a San Miguel Arcángel (S XVI-XVIII), en la capilla de Santa Ana, hay un cráneo incrustado en la cúpula que se atribuye a Juan de Saavedra. De Valparaíso de Arriba saldría en el siglo XVI el fundador de la ciudad de Valparaíso de Chile, situada en la costa del Océano Pacífico cercana a la de Viña del Mar, capital de la región de Valparaíso a unos 112 kilómetros de la capital del país Santiago de Chile. La explicación al hecho de que un vecino de esta villa participará en la fundación de esta ciudad chilena se debe a que los Hurtado de Mendoza, marqueses de Cañete, fueron gobernadores de los territorios de Chile y virreyes de Perú. A Juan de Saavedra se le recuerda en la placa que ha sido colocada en la pared de la iglesia parroquial.

 

Patrimonio

(Artículo de María Fraile Yunta, historiadora del arte)

CARRASCOSA DEL CAMPO

IGLESIA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA

         Situada en el centro del casco urbano de Carrascosa del Campo, la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora es considerada una de las mejores iglesias de toda la provincia de Cuenca, siendo muestra de ello su declaración como Monumento Histórico Artístico en mayo de 1972 y como Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Monumento en el año 2005.

         Fue mandada edificar a finales del siglo XV (finalizada durante el siglo XVI) por el licenciado Don Miguel de Carrascosa, un párroco natural del pueblo (enterrado en el lado del evangelio de la misma, probablemente bajo el nicho donde se haya su escudo de cardenal), además de ser canónigo y gobernador del Obispado de Cuenca durante el reinado de Carlos I y un hombre muy influyente en la corte vaticana. Como es propio de los templos construidos en aquella época en España en tanto que era habitual por entonces edificar al modo bajomedieval a la vez que comenzaba el Renacimiento a introducirse en la decoración, esta iglesia se edificó en estilo gótico, pero alberga elementos decorativos propios del Renacimiento. Dedicada hasta finales del S. XVII a la Asunción de Nuestra Señora y, desde entonces, concretamente desde 1696, a la Natividad de la misma, es una iglesia columnaria de planta basilical y testero recto con tres naves (la central más alta que las laterales) separadas por dos hileras de columnas y con un coro en alto sobre un arco rebajado a los pies que, junto la portada de estilo gótico isabelino que alberga, refuerzan el carácter bajomedieval de la misma. La presencia de este coro en alto y de algunas capillas laterales entre los contrafuertes (aunque no pasen la mayor parte de ellas de ser simples nichos u hornacinas) son rasgos propios de las iglesias de tradición hispana en general, pero más aún, según afirma algún historiador, de los templos de estilo Reyes Católicos o Gótico Isabelino. El templo consta de tres accesos: uno que se halla en la fachada occidental y que alberga una portada de estilo plenamente gótico (gótico isabelino), otro ubicado en el ala norte con una portada de estilo neoclásico y otro situado en el ala sur, donde hay una magnífica portada que conjuga la decoración gótica isabelina con la de estilo plateresco. Junto a la portada del mediodía, al suroeste, se levanta la torre, que consta de una planta cuadrangular y de cinco cuerpos superpuestos que están rematados en la parte superior por una especia de terraza flanqueada en las esquinas por cuatro bolas de piedra sobre basamentos.

 

 

             Atendiendo a la decoración en el interior de la iglesia, ha de decirse que en éste prima la sencillez y desnudez de los paramentos en tanto que los alardes de la arquitectura gótica residen, sobretodo, en aspectos constructivos y no decorativos. En un nicho del ala septentrional de la Iglesia, sobre un cuerpo de escayola -dado que el original se perdió durante la Guerra Civil-, se encuentra la cabeza de una talla de Jesús amarrado a la columna que se atribuye -lo cual se corrobora en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Cuenca- al imaginero natural de Murcia Francisco Salcillo, el escultor más importante del siglo XVIII español, aunque no hay constancia documental de que esta información sea verdadera.

 ERMITA DE SANTA ANA

         De la primitiva ermita sobre la que se asienta la actual podemos decir que comenzó a edificarse en el año 1518 en estilo renacentista, que era de planta de cruz latina, que fue mandada edificar y financiada por Don Miguel de Carrascosa para cobijar la antigua imagen de Santa Ana y que en el siglo XVIII se declaró en ruinas.

          Y de la ermita actual, podemos decir que responde a la reconstrucción que de esa primitiva ermita del S. XVI se hizo siendo párroco Don Francisco Rodríguez Priego en el año 1926 y que desde el día 26 de Julio de ese mismo año, que es cuando quedó inaugurada, cobija la imagen de la patrona entre los días 25 de mayo y 27 de julio. Es ésta una ermita de una sola nave y planta de cruz latina que se cubre con bóvedas de medio cañón y con una cúpula de media naranja sobre pechinas en el crucero. Sus paramentos son principalmente de mampostería enyesada y enlucida al interior, y sus muros están reforzados al exterior por contrafuertes o estribos. Una fachada orientada al oeste alberga el único acceso al templo, que además está cobijado por una galería con arcadas de medio punto que lo anteceden. 

CRUZ DE PIEDRA

     Frente a la Ermita de Santa Ana, en lo alto de un cerro desde el que se divisa una panorámica de todo el pueblo, se halla una centenaria cruz de piedra muy apreciada por los vecinos de Carrascosa. Data ésta del siglo XII y está construida sobre un miliario romano de una calzada que circulaba muy cerca del enclave en el que se halla. Fue colocada ahí en honor a la muerte de un noble castellano natural de la cercana ciudad de Huete que, junto al rey Alfonso VIII de Castilla, defendió estas tierras hasta reconquistarlas para la Corona de Castilla.

 CASA CONSISTORIAL (ANTIGUO PALACIO EPISCOPAL).

           Edificada en el siglo XVI en el centro de la población y adosado a la Iglesia de la Natividad, la Casa Consistorial de Carrascosa del Campo fue mandada construir por Don Miguel de Carrascosa en estilo renacentista, y su fábrica en origenera de sillería. Aunque actualmente acoge al actual Ayuntamiento de Campos del Paraíso, durante tres siglos éste adoptó y compaginó la funcionalidad de Corregiduría de Castilla, Casa consistorial del antiguo municipio y sus aldeas y Palacio Episcopal o Casa Curato, siendo la residencia de los párrocos de la localidad hasta mediados del siglo XIX cuando, tras la desamortización eclesiástica, fue comprado por el Ayuntamiento del Municipio y dejó de destinarse a tal fin, pasando a integrarse en las dependencias del ayuntamiento.

CASA DE LOS ESCRIBANOS

         Situada en el barrio de San Bartolomé, por donde antiguamente pasaba una calzada romana, esta casa solariega fue construida en el año 1840 sobre un solar que antiguamente constituía la Plaza del Mercado y que fue comprado con motivo de la desamortización eclesiástica hasta pasar a manos de la familia de los Escribanos. Durante la Guerra Civil fue utilizada como Hospital de Sangre y posteriormente como Centro de Intendencia, si bien actualmente se ha rehabilitado y convertido en una casa rural.

 LORANCA DEL CAMPO

IGLESIA DE SAN PEDRO ADVÍNCULA

        Situada en el centro de la población la Iglesia de Loranca del Campo está dedicada, según consta incluso en una marca de cantero, a San Pedro Advíncula encadenado, rememorando su edificación el hecho histórico de la liberación de la cárcel por mediación de un ángel del que fuera el primer Papa de la historia. Según consta en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Cuenca, esta iglesia estaba ya en pie en el siglo XVII. La Iglesia actual es un templo de planta de cruz latina que consta de una sola nave rematada al este por una cabecera recta y muy corta, de igual modo que lo son los brazos del crucero.  El templo tiene dos accesos, uno en el ala norte, junto a la torre, que consta de una portada con arco de medio punto, y otro en el ala sur, que es el principal y que está formado por una portada barroca compuesta por un arco de medio punto flanqueado por dos pilastras rematadas en pináculos y por un entablamento doble. Y no podemos olvidar la presencia de la torre, una torre de planta cuadrada y tres cuerpos sobre un zócalo que se levanta en la parte central del muro del lado norte del templo.

 ERMITA DE LA VIRGEN DEL SOCORRO

      En el siglo XVII, concretamente en un libro de visitas del año 1654, se hablaba también ya de la Ermita del Socorro, un pequeño templo ubicado en las afueras del pueblo enlo alto de un cerro que está adosado al cementerio y al que, al parecer, ya en el siglo XVI se le tenía gran devoción, pues es éste donde se cobija desde entonces la imagen de Nuestra Señora del Socorro, patrona del pueblo, entre los días quince de Agosto y nueve de Septiembre. Edificado según los preceptos de la arquitectura popular, es un edificio de pequeño tamaño con planta rectangular y una sola nave en el interior que se cubre con una bóveda de lunetos y con una cúpula de media naranja sobre pechinas, y donde al exterior, sobre la cubierta, destaca una pequeña espadaña orientada al sur.

 

OLMEDILLA DEL CAMPO

IGLESIA DE SANTA LUCÍA

        Situada junto a la Plaza Mayor de Olmedilla del Campo y aislada del resto de edificaciones, la Iglesia de Santa Lucía data de la primera mitad del siglo XVIII, tal y como pone de manifiesto una fecha que está inscrita en el exterior de la misma sobre el arco de una portada ciega que se halla en el ala norte (1744). Pero ésta se levantó sobre los restos de una primitiva iglesia del siglo XVI de la que actualmente sólo se conserva la portada principal.

     La Iglesia actual, levantada durante la primera mitad del siglo XVIII sobre esta primitiva iglesia del XVI, es una iglesia de planta de cruz latina con testero recto y brazos muy cortos que tiene una sola nave cubierta con bóvedas de medio cañón quebradas en los extremos y articulada en cuatro tramos que están delimitados por pilastras rematadas con capiteles de estilo jónico y por arcos fajones de medio punto. En el crucero se eleva una cúpula de media naranja sobre pechinas y cuatro arcos torales de medio punto que al exterior adopta la forma de un cimborrio octogonal y que está decorada por ocho pinturas al fresco. La sencillez de los paramentos, cuya fábrica es principalmente de mampostería recubierta con yeso al interior y está reforzada con sillería en las esquinas al exterior, contrasta con la riqueza y valor artístico de la portada del único acceso visible, en tanto que ésta, ubicada en el ala sur del edificio, corresponde al antiguo templo del siglo XVI. Es ésta una portada de arenisca de estilo renacentista y gran valor artístico donde trabajó, si nos atenemos a la información proporcionada en el catálogo mencionado el cantero Juan de Villa, pero cuya obra se atribuye al importante escultor de Alcaraz Andrés de Vandelvira, quien también trabajó en la catedral de Cuenca, en el Monasterio de Uclés y en la Colegiata de Belmonte. No podemos dejar de hablar, al comentar el exterior del templo, de esa torre de planta cuadrada común a las iglesias del siglo XVI en Cuenca que, formada por tres cuerpos superpuestos, se levanta en el ala norte, junto a la cabecera.

        En cuanto a las piezas de interés artístico que decoran el interior de la iglesia, ha de decirse que hay varias pinturas de gran importancia. Entre las mismas destaca un lienzo de la Inmaculada Concepción pintado no más allá del año 1656 (año en que, según consta en el archivo parroquial, aparece ya ubicado en la antigua iglesia) por algún pintor de escuela italiana.

 

 ERMITA DE SAN ROQUE

        Edificada bajo la advocación de San Roque, la ermita de Olmedilla del Campo fue construida en el siglo XVII, dado que en el Archivo Parroquial aparecen datos que indican que en el año 1695 había ya una ermita dedicada a este santo. En los años veinte del siglo XX ésta fue abandonada por estar ya en ruinas, y el día 22 de Junio de 1979 comenzó a ser restaurada gracias a los donativos y al trabajo de los vecinos del pueblo, siendo un año más tarde, en agosto de 1980, inaugurada de nuevo y recuperándose entonces la antigua tradición de acudir en romería hasta ella el día de la fiesta de San Roque. La nueva ermita se levantó respetando en gran medida la tipología que mostraban los restos de la anterior, consta de una sola nave que está separada de la cabecera por un arco de medio punto, la cabecera está cubierta por una cúpula de media naranja y al exterior, sobre la entrada, se levanta una espadaña que cobija una campana.

 CASA DE LOS ESCRIBANOS

    Ubicada en la plaza del mercado, la Casa de los Escribanos (popularmente conocida como la Casa Grande) es una antigua casa blasonada de mampostería y sillería en los lienzos principales que, aunque hoy está prácticamente derruida, conserva en pie la gran fachada que daba a la plaza con el portón de acceso, un portón adintelado con sillería moldurada, y la rejería original. Fueron sus propietarios los Jaramillo cuyo escudo encontramos en la entrada principal con la Cruz de la Orden Militar de Santiago.

 

VALPARAÍSO DE ABAJO

IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

         Ubicado en el centro de la localidad y aislado del resto de edificaciones por la existencia de un atrio limitado con empalizada de piedra y cemento que se extiende a lo largo de su fachada meridional, el templo parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Valparaíso de Abajo data del año 1724, tal y como consta en una inscripción hallada en una piedra de uno de los arcos que conforman loshuecos que cobijan las campanas de la torre. Pero a juzgar por la existencia dentro del mismo de una pila bautismal de estilo visigodorománico y de libros de partidas de bautismo de los siglos XVI y XVII, fue levantado sobre los restos de otro templo mucho más antiguo. 

         En la actualidad, este templo consta de una planta de cruz latina con una sola nave de tres tramos separados por arcos fajones. Está cubierto por bóvedas de medio cañón con lunetos quebradas en los extremos y por arcos de medio punto que recaen sobre machones decorados con pilastras rematadas con capiteles de orden corintio. Y sobre estos machones, se halla una cornisa de yeso policromada que recorre la parte superior de los muros de todo el edificio. Un testero plano y de poca profundidad al que preceden unos brazos de crucero muy cortos, cobija el presbiterio o altar mayor, y a los pies del templo, ocupando el primer tramo del mismo, un coro en alto sobre un arco rebajado y tres arcos de medio punto (realizados posteriormente) da paso, bajo una bóveda de arista (que es la que lo sustenta), a una pequeña capilla cubierta por una cúpula de media naranja sobre pechinas y lunetos que en origen fue un baptisterio. Las notas que predominan en el exterior son la sencillez y la austeridad. De los dos accesos que había en origen -uno adintelado bajo un arco de descarga entre dos contrafuertes que daba acceso al cementerio y que hoy está cegado y semienterrado en el ala norte, y otro en el ala sur que da a la plaza-, destaca este último, pues su riqueza contrasta con la austeridad de los muros de mampostería del exterior de la iglesia, que únicamente están reforzados por sillería en las esquinas. Este acceso, el único por el que se accede al templo en la actualidad, consta de una portada de  estilo clásico formada por dos cuerpos con un arco de medio punto flanqueado por dos columnas de orden toscano. La torre, que está adosada al muro occidental del templo y es de planta cuadrada, está formada por tres cuerpos superpuestos y otro a modo de basamento, así como también, por cuatro arcos de medio punto en el último de ellos donde se ubican las dos campanas (una anterior a 1936 y otra posterior a esta fecha).         

        Al hablar del mobiliario y piezas de interés artístico que se guardan en el interior del templo, ha de conferirse un lugar especial al Retablo del Altar Mayor que, dedicándose a Nuestra Señora de la Asunción, fue realizado en el siglo XVIII. De estilo barroco en su vertiente castiza churrigueresca, este retablo está formado por un zócalo de alabastro de gran calidad, un banco con atlantes, un solo cuerpo dividido en tres calles delimitadas por cuatro columnas salomónicas de orden compuesto y un ático en forma de bóveda de cuarto de esfera o de cascarón que se adapta a la forma del ábside. Está tallado en madera, policromado con láminas de oro y profusamente decorado con hojas de acanto y motivos vegetales que le confieren movimiento, dinamismo y efectos de claroscuro. 

VALPARAÍSO DE ARRIBA

IGLESIA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

      Dedicada a San Miguel Arcángel y siguiendo la tipología de la iglesia de Valparaíso de Abajo aunque con menores dimensiones, la iglesia de Valparaíso de Arriba se eleva en alto sobre el resto de edificaciones en la parte alta de la localidad. Como ocurre en relación a la Iglesia de Valparaíso de Abajo, se tienen pocos datos históricos de este templo, lo más probable es que, en origen, existiera una primera iglesia románica. No se sabe en qué momento la iglesia se reformó y se configuró tal y como la encontramos en la actualidad, pero podemos decir que es de estilo barroco y que, por la configuración de la portada principal se reformó probablemente en el siglo XVII.

       En la actualidad, la iglesia de San Miguel Arcángel es una iglesia de planta de cruz latina con una sola nave de tres tramos delimitados por arcos fajones apoyados sobre pilastras, y con unos brazos de crucero y un testero recto muy cortos. El crucero se cubre con una cúpula de media naranja sobre pechinas y cuatro arcos torales que está rematada por una linterna, y tanto los brazos del mismo como la nave longitudinal se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos. En la fachada sur y precedida por un atrio limitado por una empalizada de piedra al que se accede por una escalinata se abre, entre dos estribos o contrafuertes, la portada principal: una portada de estilo clásico muy sencilla que está formada por un arco de medio punto flanqueado por dos pilastras y por un frontón triangular liso que reproducen el esquema de un templete clásico; una portada cuya belleza radica en su pureza de líneas y en la ausencia de decoración. Pero éste no es el único acceso que en origen tenía el templo dado que en el ala norte, entre otros dos contrafuertes y bajo un arco de medio punto construido posteriormente para cobijar una pequeña hornacina venerada con la imagen de San Miguel, pervive la huella de esa antigua portada que, de igual forma que en el resto de las iglesias de Campos del Paraíso, daba acceso al cementerio. Adosada al muro occidental se levanta la torre de la iglesia, que es de planta cuadrada y que consta de un zócalo, de dos cuerpos y de cuatro vanos con arcos de medio punto en el último de ellos que cobijan las campanas.

       En cuanto a las piezas de valor que se hallan en el interior del templo, podemos decir que en la capilla que hay a los pies del mismo y que en origen fue un baptisterio, hay un cráneo incrustado en la cúpula que se atribuye a Juan de Saavedra, fundador de Valparaíso de Chile, pero también que en la misma hay una pila bautismal de gran valor que, por su decoración a base de gallones y de una especie de friso en la parte superior con triglifos y metopas, parece ser renacentista (siglo XVI). 

        

Gastronomía, Costumbres y Fiestas Patronales


(Artículo de María Fraile Yunta, historiadora del Arte)

GASTRONOMÍA:

La mayoría de estos alimentos y su preparación están ligados a festividades religiosas o a reuniones familiares en relación a alguna celebración especial, aunque actualmente, en algunos casos, ya se preparan de manera habitual en las casas del pueblo. Entre las comidas más habituales y de mayor antigüedad que se conocen podemos citar:

EL ZARANGOLLO: Uno de los platos más típicos, una comida de amigos que consiste en un revuelto de huevos y patatas enriquecido a veces con escabeche bonito, setas, espárragos…, siendo si bien lo importante el punto de cocción.

EL POTAJE: Fue y es, en sus variantes de judías o garbanzos, uno de los platos más habituales, sobre todo en los días de Semana Santa. El potaje de judías se compone de unas judías que se habían dejado hervir previamente, el resultado de freír unas pocas de las judías hervidas junto con harina, ajo, cebolla y pimentón, un poco de tocino, chorizo, morcilla y un trozo de pata de cerdo, dejándose hervir la mezcla hasta que todos los ingredientes resultan cocidos y el caldo coge el sabor esperado. La variante de garbanzos, principalmente preparada en viernes o en Cuaresma, se suele servir durante estas fechas para sustituir con el bacalao a la carne de cerdo, ingrediente habitual en el potaje de judías. Está compuesto de garbanzos cocidos, el resultado de freír en la sartén unos cuantos de estos garbanzos junto con harina y pimentón, algo de bacalao y rellenos llamados “albóndigas” o “albondiguilla” hechas de migas de pan amasado con huevo.

LAS GACHAS: Es uno de los platos más habituales y típicos en cualquier época del año como comida familiar. Hechas con harina de almortas, alcaravea, pimentón, hígado y grasa de cerdo, setas…, las gachas se han de comer con pan de pueblo, mojándolo en la misma sartén en que se han hecho. Esta comida familiar tenía su encanto en el pasado, cuando el cerdo era la seguridad alimenticia para todos los componentes del hogar y se hacía la “matanza” del cerdo en todas las casas.

LOS PUCHES: Típica cena de la noche de los Santos, este plato está compuesto de harina de trigo, agua y azúcar o miel, añadiéndosele luego unos chicharrones de pan frito que suplen la ausencia de carne y pescado.

Parecidas por su composición son las MIGAS RULERAS, en las que el principal ingrediente es el pan mojado que se fríe, pero que a veces también se acompañan de uva o de pimientos.

 CALANDRAJA: Masa de pan, uva y harina y como si fuera un pan al horno.

FESTEJOS Y COSTUMBRES

EL CARNAVAL: La fiesta del Carnaval, que era y sigue siendo una exaltación de alegría y folklore popular y que mezcla diversos actos y costumbres muy vistosos y animados, tiene su origen en el deseo de máxima diversión antes de la llegada del recogimiento interior impuesto a partir del Miércoles de Ceniza. Desde el Renacimiento se cree que tiene su origen en los Saturnales, en los Lupercales o en las fiestas dionisíacas griegas (Bacanales), pero en el siglo XVI se empleaba en relación a ellos la expresión “Carnestolenda” haciendo referencia a que, ante la perspectiva de ayuno de cuarenta días (Cuaresma) y a la prohibición penitencial de comer carne que iba a imponer la Iglesia, surgía el glotón que se daba un atracón a comer los tres días procedentes. Aún hoy sigue manteniéndose esta tradición, en la que numerosos vecinos desfilan disfrazados por sus calles provocando una gran algarabía con sus cantos y bailes, si bien ha variado el hecho de que ya no es lo primordial ocultar la identidad propia, lo cual, según testimonios de antaño, llegó a hacer que esta tradición se convirtiese en una fiesta indecorosa en exceso y que llegase a ser prohibida durante el franquismo. Esta fiesta del Carnaval culminaba con EL ENTIERRO DE LA SARDINA, tradición que ha seguido viva hasta hace no muchos años y en la que varias personas disfrazadas de curas, frailes y demás empleados de la Iglesia, así como de viudos y viudas enlutadas, llevaban un estandarte, escobones o jeringas por hisopo y otras insignias burlescas, mientras que portaban una caja de difunto simulada donde encerraban una sardina. Este cortejo fúnebre recorría las calles con bocinas, tambores, cánticos de entierro, plañideras, y, finalmente, se enterraba la sardina. Algunos creen que en el entierro de la sardina se simboliza el del Carnaval, indicando la entrada en el tiempo santo, pero en tal caso lo lógico sería que se enterrase la carne y no el pescado. Parece que antiguamente, cuando se comía de vigilia toda la cuaresma  se acostumbraba a enterrar un canal de puerco al que se le daba el nombre de sardina, nombre cuyo significado se habría cambiado, atribuyéndolo a este pescado.

EL PELELE: Existía la costumbre (recientemente recuperada en Valparaíso de Abajo) de que en la procesión del Domingo de Resurrección, en diversas calles a lo largo del recorrido aparecían “PELELES” o “Judas” colgados de algunas ventanas y balcones y, a veces, con algún cartelillo chistoso junto a ellos. Estos “Peleles” eran muñecos de trapo rellenos de paja que hacían las mujeres del pueblo el día anterior con prendas e indumentaria desechada o inservible. Terminada la procesión, los niños del pueblo se mofaban de ellos manteándolos y “peleándolos” en el aire hasta que se deshacían al son de varias canciones típicas. No se sabe de cuándo data esta costumbre, así como tampoco se conoce con exactitud su significado, pero se cree que podía simbolizar a Judas vencido por la Resurrección de Cristo.

LOS MAYOS: En el origen de la fiesta de los Mayos subyacen costumbres ancestrales paganas de carácter campesino que posteriormente se fundieron y confundieron con ritos o simbolismos litúrgicos derivados de la Fe católica, conformando así una tradición en la que se mezclaban las alabanzas a la Virgen, la Exaltación de la Cruz y la Primavera como símbolo del amor en base al cortejo de la mujer. Durante la noche del treinta de Abril, después de cenar, se acercaba mucha gente a la puerta de la iglesia y las diversas cuadrillas de jóvenes, adultos, rondallas y tunas comenzaban una a una a cantarle el Mayo a la Virgen. “Concluido este acto, todas ellas recorrían las calles del pueblo cantándole el Mayo a las mozas elegidas al pie de las ventanas de sus casas, y al día siguiente los mozos madrugaban para ir a las mismas a “cobrar” el Mayo. En éstas eran agasajados con dinero, huevos, patatas…, con los que después organizaban una comida. En Carrascosa se hacían, además, al anochecer hogueras en varios barrios, siendo muy famosa la hoguera que se hacía en el barrio del Camino de Huete, junto al cementerio viejo, en la pared del mismo, donde había una cruz de piedra muy antigua. Durante el día los vecinos recogían la leña para la hoguera y por la noche ésta se prendía y se cantaba y bailaba alrededor de ella. Con el descenso de la población en el pueblo, la costumbre de ir cantando los Mayos por las calles a las jóvenes del pueblo se perdió hace unos años, pero la de cantar los Mayos a la Virgen en la Iglesia y la de prender hogueras, como la del Camino de Huete, siguen manteniéndose año tras año. En todos los pueblos se conservan reminiscencias de los cantos de Mayo, de segadores, de espigadoras…, tal vez desde la Edad Media, pues ha dominado la superstición de hacer sacrificios a los dioses tutelares de los campos, mieses y sembrados para que concedan buenas cosechas. Muchos etnógrafos consideran que las fiestas de Mayo reflejan la supervivencia de cultos agrarios y de ritos mágicos relacionados con la fecundidad vegetal y animal.

LAS MAYAS: Aún pervive en Carrascosa esta antigua costumbre, llevada a cabo el 3 de Mayo -día en el que se celebra la Invención de la Santa Cruz-. Cuenta la tradición que ésta, traída de América por un tal Don Manuel Villalba, -pariente muy próximo de un virrey de Perú- se venía celebrando desde tiempos muy remotos, sin saber la fecha exacta en que empezó a celebrarse -aunque por los detalles que la acompañan podemos fijar su comienzo a finales del siglo XVI o principios del XVII-, que el día tres de Mayo, fiesta de la invención de la Santa Cruz, un grupo de mujeres y niñas de pueblo se vestían lujosamente de mayas -indias americanas-, de la forma similar a como se vestían las mujeres de esta raza aborigen de Centroamérica, y que, bailando danzas que recordaban a las del antiguo Méjico y de los países de América central, recorrían las calles del pueblo solicitando donativos que invertían íntegramente en el sufragio de las misas a las Ánimas. A partir del siglo XVIII estas danzas estaban presididas por un estandarte pintado sobre tabla y adornado con una corona de rosas y una cruz donde está representado Cristo sacando las almas del purgatorio y donde un letrero al final del mismo dice : “Aquí se echa la limosna de las ánimas”. Es ésta una extraordinaria pintura sobre tabla del siglo XVIII que fue mutilada, partida en tres trozos, y en parte quemada en el año 1936, pero también restaurada posteriormente por Don Pedro Izquierdo, lo cual hizo que desde entonces se siga sacando todos los años para presidir, como antiguamente, el desfile de las mayas. Iban doce mujeres y niñas, teniendo preferencia para iniciar el recorrido las del barrio de San Bartolomé, que a las doce en punto de la mañana debían presentarse frente a la iglesia bellamente ataviadas, incluso con abundante adorno de cintas de colores y plumas vistosas. Si a la hora en punto no estaban ahí entonces pasaba la “capitanía” de este recorrido a las mujeres y niñas del barrio de “Ijidillo”. Por cada barrio iba una representación, y una vez unidas todas empezaba anualmente el recorrido, que con gran alborozo presenciaba el pueblo entero, porque de vez en cuando la comitiva hacía paradas en las plazuelas tocando y bailando sus típicas danzas, que trataban de parecerse a la del Perú de la raza “maya”.

FIESTA DE SAN ISIDRO LABRADOR: Ésta es una de las fiestas tradicionales de los labradores que se celebran en desde la antigüedad. Ésta se celebra el día 15 de Mayo, fundiéndose en Carrascosa con la celebración de San Cristóbal desde hace ya bastantes años. Las imágenes de estos dos santos presiden los actos religiosos, durante cuyo transcurso, los niños y niñas del pueblo, que van ataviados con los trajes típicos de la comarca, ofrecen en el altar los productos típicos de la tierra. Tras el acto religioso, estas dos imágenes son llevadas en procesión hasta la plaza, donde multitud de tractoristas y automovilistas del pueblo con sus vehículos están congregados para recibir las bendiciones de sus patrones. Tras ello comienza la procesión, durante la que cada una de las imágenes es llevada sobre un remolque junto a los niños que van vestidos con los trajes típicos y que han hecho las ofrendas, y que culmina en la Ermita de Santa Ana, donde tiene lugar la bendición de los campos. Y más tarde todos los vecinos se reúnen en el Parque de la Alameda para compartir, junto a los agricultores, un aperitivo y unos minutos de charla.

 NOCHE DE LOS DIFUNTOS:

Los actos religiosos en favor de las Ánimas de difuntos ofrecían unas características completamente diferentes a las del resto de los actos religiosos. Cuenta la tradición que desde el día uno de Noviembre hasta el día nueve del mismo mes tenía lugar un Novenario de Ánimas y que éste se celebraba de la siguiente forma: Todas las noches, después de cenar y convocados por un doble de campanas, los vecinos iban a la Iglesia para asistir a la Novena. En el centro de la iglesia se colocaba un catafalco que asemejaba la caja de un muerto; encima del mismo, también revestido de negro, se colocaba una calavera y dos tibias que simbolizaban la muerte, y a ambos lados, colocadas sobre sus correspondientes cirios, un gran número de velas de gran tamaño y grosor a las que denominaban “hachas”. En este ambiente se rezaba el rosario y después se cantaban responsos como “Dies irae” o “Ne recorderis pecata mea, domine”. El punto más importante de esta celebración tenía lugar durante la noche del uno de noviembre, día de todos los santos, pues al anochecer comenzaban las campanas a doblar y no dejaban de hacerlo hasta el día siguiente por la mañana, transmitiendo todo ello en la gente un profundo respeto, misterio y hasta temor en torno a las Ánimas de los antepasados fallecidos. Sobrecogida la gente por el continuo doblar de las campanas en esas tristes noches del otoño, nadie se atrevía a salir de casa, pues corría la creencia de que esas noches se aparecían las ánimas a los que andaban por las calles. Unida a este continuo doblar de las campanas, se hallaba y se halla, pues aún se mantiene, la costumbre de comer puches, pues los mozos que hacían noche en el campanario de la iglesia doblando, hacían una especie de migas llamadas de esta manera, arraigándose  esta afición de una manera tan fuerte que se extendió por muchas casas y que hizo que aún hoy en día siga manteniéndose. Con los años esta tradición y costumbres, tal cual estaban planteadas, se han ido perdiendo, pero hasta no hace mucho tiempo se ha sumado otra afición: los días uno y dos del mismo mes, los jóvenes del pueblo solían reunirse para ir puerta por puerta poniendo calabazas que previamente vaciaban y transformaban en calaveras con una vela encendida en su interior.

LOS QUINTOS: Existía la costumbre de que el día de Santa Águeda, -el 5 de Febrero-, todos los jóvenes que entraban ese año en quintas se juntasen y lo celebrasen comiendo y bebiendo juntos. Después, tocando el pandero y cantando recorrían todo el pueblo para recoger los donativos que les daban en forma de dinero o de especie. Hoy esta tradición se ha perdido.

FIESTAS PATRONALES

CARRASCOSA DEL CAMPO

SAN MARCOS: El día 25 de Abril es un día señalado en el calendario de todos los carrascoseños, pues es el día en el que la imagen de la patrona Santa Ana es bajada a la Iglesia parroquial, donde permanece durante tres meses, hasta el día 27 de Julio. Antiguamente se realizaba la bajada de la imagen por la mañana temprano para que después cada uno marcharse a su trabajo, se bendecían los campos y se repartían las “Cruces” que después serían puestas sobre algunos de ellos. Pero en el año 1982 el ayuntamiento declaró este día fiesta local, siendo muy bien acogida esta decisión en todo el pueblo, trayéndose desde entonces una banda de música para acompañar a los actos religiosos en honor a Santa Ana, -que suele ser, ya por tradición, la Banda de Villamayor de Santiago-, y acompañando todo el pueblo a la Patrona desde su ermita hasta la iglesia parroquial para celebrar con gran devoción la Santa Misa.

FIESTAS PATRONALES EN HONOR A SANTA ANA: La festividad más importante de Carrascosa del Campo es la de la Patrona Santa Ana, que se celebra los días 25, 26 y 27 del mes de Julio. Esta festividad data de principios del siglo XVI, cuando a Santa Ana se la declaró patrona de esta villa, si bien, según Don Pedro Izquierdo, en un documento del mismo siglo se decía que “a Santa Ana se le profesaba gran devoción no sólo en Carrascosa, sino también en toda la comarca; que venían a esta villa vecinos de muchos pueblos en procesión con sus cruces para celebrar esta fiesta con gran solemnidad; que todos salían en procesión hacia la Ermita y que allí se decía la Santa Misa con la mayor solemnidad posible; que después se corrían los toros, los mejores que se podía hallar y haber, y que era mucha la gente que se juntaba de todos los pueblos; así como también, que era una de las fiestas más notables y principales del Obispado que podía haber.” Esta festividad se ha ido manteniendo a través de los siglos, siendo una de las de mayor importancia y afluencia de público de toda la comarca, quizá en parte por tratarse de la primera que se celebra en el verano y por coincidir con la fiesta de Santiago Apóstol.

LORANCA DEL CAMPO

SAN PEDRO: 28 de junio

VIRGEN DEL SOCORRO: tercer fin de semana de agosto. Se sube la imagen de la Virgen a la Ermita, y la imagen permanece allí  hasta el 9 de septiembre, que se devuelve a la Iglesia Parroquial. Durante tres días el pueblo viste sus mejores galas y disfruta de fuegos artificiales, bandas de música, caldereta popular, juegos para todas las edades y grupos musicales. Tienen lugar las tradicionales procesiones a honor a la virgen que se encuentran acompañadas por el grupo de Danzas Populares de Moros y Cristianos del pueblo.

OLMEDILLA DEL CAMPO

SAN ROQUE: del 15 al 17 de agosto. Es la fiesta más importante del pueblo, en honor al patrón de Olmedilla del Campo. El 16 de agosto se celebra la romería de San Roque, en la que se acompaña al santo de la iglesia a su ermita. Es una fiesta popular con galopeo, misa y procesiones, actuaciones musicales y suelta de vaquillas.

SANTA LUCÍA: 13 de diciembre, en honor a la patrona del pueblo Santa Lucía, que goza de gran devoción en la comarca. Era esta una fiesta grande tras finalizar las labores del campo, recuperando su importancia en los últimos años. La noche de la víspera se enciende la tradicional HOGUERA DE SANTA LUCÍA reuniéndose entorno a ella todos los olmedilleros y olmedilleras para compartir una cena popular.

 VALPARAÍSO DE ABAJO

SAN ANTONIO DE PADUA: 13 de junio. 

VIRGEN DEL ROSARIO: primer domingo de octubre. Antiguamente era la fiestas grande del pueblo, trasladada a la primera semana de agosto, aunque en los últimos años se ha ido recuperando gracias a la labor de la asociación de mujeres del pueblo. Misa y procesión solemne, actividades para niños y adultos y una gran verbena popular hacen de estas fiestas unas de las más populares de la comarca.

 VALPARAÍSO DE ARRIBA

SAN MIGUEL ARCÁNGEL: 29 de septiembre, aunque los festejos populares se celebran durante la tercera semana de agosto, contando con comidas y verbena popular, e infinidad de actividades para todos los públicos. Un pueblo pequeño pero que vive sus fiestas patronales con gran intensidad.